Maritza y Jeff y sus respectivos humanos

Hay un hombre en mi vida. Me gusta todo de él, excepto sus pies helados que me asustan cuando accidentalmente los rozo en la cama, antes de que se descongelen. Es como la experiencia anti-guatero. Pero al menos eventualmente se calientan y puedo vivir con eso. Y, lo amo, pies fríos y todo.

Enamorarse es sin duda una de las mejores partes de ser humano. Conocer a otra persona, revelarles tu rareza, juntarse a comer mucho y dormir poco durante semanas, cachar que son medio esnob pero realmente no te importa, ir a comprar un sillón como si fuera una emocionante aventura en el extranjero, sólo porque lo pasan bien sin importar lo que estén haciendo ... estas experiencias no pueden faltar en la vida. Definitivamente, una de mis partes favoritas de estar viva.

Jeff y yo recientemente hemos pasado por esto, y ahora nos referimos el uno al otro como "mío". Como lo dijo él: "Soy tu novio, eres mi novia". Realmente no me gusta el término "novio" porque es como foral y raro. "Pareja" es buena palabra, y neutral en cuanto al género y el término que prefiero, pero mi punto es que, como sea que terminemos llamándolo, nos identificamos como el ser humano del otro.

Por razones espirituales, filosóficas y políticas, la idea de ser la persona “de” alguien es completamente jodida. Apesta a opresión, abuso, restricción, falta de agencia y en general, algo enfermizo. Sin embargo, también es la aspiración más alta que tenemos como humanos: el deseo de ser amados y la necesidad de pertenecer son nuestros impulsos más básicos. Hay algo que nos hace sentir inherentemente seguros en saber quiénes son nuestras personas, quién puede ayudarnos a trepar a un árbol cuando un tigre está tratando de comernos, o reconocer los restos si es que al fin nos terminan comiendo. 

No sólo amar, sino también pertenecer, tiene profundas funciones evolutivas para la supervivencia de la especie. La palabra "pertenecer", tiene una fuerte connotación de propiedad. Pertenecer no sólo es estar con alguien, sino ser propiedad de esa persona, pero creo que sin los matices espeluznantes que tiene el ser “propiedad”. Y en una relación amorosa persona, pertenecer o “ser propiedad” de otra persona, es en realidad la experiencia más hermosa a la que podemos aspirar. No solo estar con alguien, pero ser de esa persona. Tener esta conexión y este conocimiento que nos hace sentir seguros, protegidos, apreciados, valorados, amados y también entretenidos, cuidados, extáticos, satisfechos y desafiados. Creo que esta experiencia es tan trascendental y tan profunda y emocionante que la única forma de expresarla es romper los límites de donde creo que yo termino y el otro comienza, y llamarse mutuamente mío. con alguien, pero para ser suyo. Tener esta conexión y este conocimiento que nos hace sentir seguros, protegidos, apreciados, valorados, amados y también divertidos, cuidados, extáticos, satisfechos y desafiados. Creo que esta experiencia es tan trascendental y tan profunda y emocionante que la única forma de expresarla es romper los límites de donde creo que termino y el otro comienza, y llamarse mutuamente. mía.

Así que sí, a partir de ahora, yo soy de Jeff, y él es mío. Sabiendo muy bien que existen fronteras y límites reales y que este no es el caso, no literalmente, por razones políticas, de agencia, feminismo y demás. Pero al final del día, cuando se hace bien, él es mío y yo soy suyo. Y él y yo lo estamos haciendo bien.

 

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