Ayer tuve la suerte de estar en Chile para el #8M, la marcha celebrando el día internacional de la mujer. Fue increíble participar en el evento. A pesar de que muchos de los temas que se abarcaban como parte de la manifestación son aterrorizantes (violencia de género, desigualdad, falta de seguridad física, económica y emocional, etc.), había un ambiente de compañerismo, sororidad y optimismo que permeaba el aire. Más tarde algunas amigas me mandaron videos de enfrentamientos con los pacos y es increíble ver a mujeres, armadas solo con sus voces, siendo atacadas por la policía militarizada y no reaccionar con miedo, si no que al contrario, con la valentía propia de la que sabe está haciendo lo correcto.

El contraste entre estas mujeres y la reacción que estamos teniendo a nivel global al coronavirus es doloroso. El coronavirus es la causa del pánico mundial que ha hecho que la gente, en vez de preguntarse cómo puede ayudar en la situación, entre en un estado de miedo que la haga sobrerreaccionar y posiblemente empeorar la situación.

No estoy diciendo que no sea grave, cualquier plaga es grave y cualquier pérdida de vida es lamentable. Lo que sí estoy diciendo es que a mi parecer, la reacción de muchos gobiernos al no ofrecer un liderazgo confiable y la cobertura mediática sensacionalista a este virus ha sido contraproducente: la gente se urge, la conexión entre el estrés y la baja de inmunidad en la gente está bien documentada. Y se crea un ambiente de terror que hace que hagamos puras weas, y ha gatillado la peor de las pestes: el miedo. 

Yo en lo personal a lo que más le temo es al miedo. Históricamente, a todo lo que le he tenido miedo en mi vida ha sido mucho menos terrible que la angustia insoportable de anticipar la mala noticia antes que me la dieran, o que auto-aterrorizarme con historias de lo difícil que va a ser algo, antes que lo sea de verdad. 

Absurdo, lo sé, pero lo que es real es que mi comportamiento se torna irracional y muchísimo menos inteligente cuando tengo miedo – lo que es menos seguido que antes, pero todavía más frecuente de lo que quisiera. Entonces la idea de que la gente esté totalmente frikiada sobre la situación actual me parece un hechizo maligno. Yo tengo la certeza que los hechizos resultan, y la clave es pronunciar una realidad para empezar a manifestarla: las cosas son, o al menos pueden ser, como digo que sean. Y cuando la gente se empieza a urgir porque se le van a acabar las cosas, entonces van y compran mucho y efectivamente hacen que las cosas se acaben. Y de ahí otros van al supermercado y cachan que no queda papel higiénico y se imaginan que no saben cuando va a volver a haber y partimos mierda con las psicosis colectiva. La peor de las profecías autocumplidas. 

El problema no es el virus en sí, el problema es que nuestros sistemas de salud a nivel mundial dejan mucho que desear, y ahora nos vamos a dar cuenta porque es tan importante que haya acceso a servicios de salud para todos. Porque la idea medio esotérica que todos somos uno y que lo que le pasa a uno nos pasa a todos no es una metáfora, y sí es literal, como por ejemplo, en el caso de una pandemia que por efecto de la inadecuada reacción se puede convertir en algo mucho más nefasto de lo que es el pobre coronavirus de por sí. 

Y lo que ocurre en las comunidades y los sistemas cuando cunde el pánico nunca es bueno. Qué vergüenza absoluta la falta de liderazgo de nuestros líderes actuales, abanicando la llama de un miedo imaginario de una población que a los que más debiera tenerle miedo es al miedo. Esa es la lección que me llevo de mis compañeras chilenas: que el miedo no te paralice y que la rabia te organice. Si te preocupa de verdad el coronavirus, te invito de verdad a que te preguntes qué puedes hacer para ayudar a disminuir el problema, en vez de dejar que el pánico se lleve lo mejor de ti.

Que el miedo no te paralice

Yesterday, I was lucky to be in Chile for # 8M, the march celebrating International Women’s Day. It was incredible to participate in the event. Despite the fact that many of the topics covered as part of the demonstration are terrifying (gender violence, inequality, lack of physical, economic and emotional security, etc.), there was an atmosphere of camaraderie, sorority and optimism that permeated the air. Later, some friends sent me videos of confrontations with the cops, and it was incredible to see women, armed only with their voices, being attacked by the militarized police and not reacting with fear, but on the contrary, with the courage found in those who know they are doing the right thing.

The contrast between these women and the global reaction we are having to the coronavirus is painful. Coronavirus is the cause of the global panic that has caused people to enter a state of fear that makes them overreact and possibly worsen the situation, instead of asking themselves how they can be of help.

I am not saying that it is not serious, any plague is serious and any loss of life is regrettable. What I am saying is that in my opinion, the reaction of many governments who are not offering reliable leadership, and the media, offering unsurprisingly sensationalist coverage of this virus has been counterproductive: people panic, and the connection between stress and low immunity is well documented. And thus we end up with a vibe of terror that makes us do dumb shit (like hoard toilet paper), and has triggered the worst of plagues: fear.

Personally, what I fear the most is fear. Historically, everything I’ve ever been afraid of in my life has been far less terrible than the excruciating anguish of anticipating bad news before it actually happened, or self-terrorizing with stories of how difficult something is going to be, before it really is. 

Absurd, I know, but what is real is that my behavior becomes irrational and much less intelligent when I am afraid – which is less often than before, but still more frequently than I would like. So the idea that people are totally freaked out about the current situation strikes me as an evil spell. I am sure that spells work, and the key is to spell out a reality to begin to manifest it: things are, or at least can be, as I say they are. And when people start to freak out because they’re gonna run out of stuff,  then they go and over-buy and effectively do create a shortage. And then, other folks go to the supermarket and find out that there is no toilet paper left and they imagine that they don’t know when it will be restocked and we kick off collective psychoses. The worst of the self-fulfilling prophecies.

The problem is not the virus itself, the problem is that our health systems worldwide leave a lot to be desired, and now we will realize why it is so important to have access to health services for all. Because the somewhat esoteric idea that we are all one, and that what happens to one happens to all of us is not a metaphor, it is quite literal, as in, for example, the case of a pandemic that due to the inadequate reaction can be turn into something much more nefarious than the poor coronavirus itself.

And what happens in communities and systems when panic sets in is never good. What an absolute shame the lack of leadership of our current leaders, fanning the flame of an imaginary fear in a population that should be most afraid of fear. That is the lesson that I take from my Chilean comrades: may fear not paralyze you and may rage organize you. If you are really concerned about coronavirus, I invite you to really ask yourself what you can do to help lessen the problem, instead of letting panic get the best of you.

 

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